Mens sana in corpore sano: salud, psicología y COVID-19

Recordando 2020, durante el estado de alarma, se establecieron normas de circulación, se priorizó el teletrabajo, se suspendió la actividad escolar… El confinamiento en el domicilio era una situación sin precedentes.

Así, de repente, el cierre, la paralización de toda actividad y el confinamiento durante semanas describieron una situación extraordinaria… con múltiples estímulos de estrés. De esta forma, ante el coronavirus, los principales condicionantes de impacto psicológico, según un estudio realizado sobre la población china, son: la pérdida de hábitos, el miedo a la infección del virus, la manifestación apática y no disponer de información clara.

Tras la cuarentena, es esperable que la mayoría de la sociedad recupere su funcionamiento normal. Sin embargo, puede que una minoría necesite apoyo tras el confinamiento, especialmente si ya presentaban problemas psicológicos. Así, algunas personas pueden esperar más riesgo de padecer una afectación al margen del estado de alarma y de la COVID-19.

No obstante, el miedo es de todos. Y, más allá de sentirlo, esto lo demuestra un informe realizado por varias universidades españolas: en ‘Las consecuencias psicológicas de la Covid-19 y el confinamiento’, se presentan los miedos más comunes, aquellos sentidos durante el tiempo en casa por amplias mayorías, según los encuestados. Al observar que la incertidumbre fue un temor del 77,5% de la población, se explica la importancia e impacto de los condicionantes ya enumerados.

Siendo la situación pandémica el desencadenante, queda mucho por sentir: desánimo (el 84% de encuestados dice haber experimentado más sentimientos depresivos durante el confinamiento), pesimismo (en el 9,1% aumentaron los pensamientos suicidas), soledad (un 59% se sintieron más solos), etc. Esta última resulta verdaderamente severa y es que las medidas preventivas, durante la cuarentena, supusieron la ruptura de los vínculos sociales de cualquiera.

 

 

 

La ola más grande

Apatía, soledad, incertidumbre y estrés son los mayores síntomas que, según Lara Carrillo, psicóloga que ejerce desde 2009, se sufren como consecuencia de la pandemia. “En la primera ola estábamos más aislados, pero se llevó mejor; ahora está costando más aceptar las nuevas olas”, afirma, pues el problema de la situación actual es que no hay un fin exacto para la “nueva normalidad”. “A medida que pasan las olas hay más ola mental”, asegura Lara; como ella, el psiquiatra Eduardo de la Sota afirma que “aún nos espera una fase postraumática muy duradera”.

En esto, la encuesta del CIS sobre la salud mental en España durante la pandemia asegura que las mujeres y las clases bajas han sido las más afectadas. Esto se debe a que los más desfavorecidos se sienten desprotegidos y la posibilidad de perder su empleo es un estrés añadido. Las mujeres también sufren estrés al no desconectar: en casa, el teletrabajo se compagina con las tareas del hogar y crianza. Aun así, afirma la psicóloga, “los hombres también se han visto muy afectados, pero ellos no tienden a pedir ayuda“.

Los datos también señalan que la franja generacional que más ha ido a terapia por coronavirus es la que abarca de 18 a 34 años. Lara, desde su trabajo, no coincide del todo: bajo su criterio, los ancianos y los adolescentes son los más vulnerables, pero la franja de 18 a 34 años está más concienciada con su salud mental. Además, entre ellos se produce el “efecto de grupo”, pues, quien va a consulta y aprecia resultados lo recomienda. La tercera edad tiende a ser la mayor víctima de la soledad, mientras que los jóvenes se aíslan en las nuevas tecnologías. Esto afecta, según Lara, a su autoestima porque generan inseguridades que desembocan en síntomas de ansiedad o depresión.

Entre los consejos que Lara propone para sobrellevar lo que queda de pandemia se encuentran los siguientes:

 

 

 

Cuando se vive una ficción

Está claro que la población ha debido afrontar la situación tal y como ha venido: muchos solo han podido resignarse a convivir con una realidad alejada de sus planes. Como Jorge (51 años), que sintió la incertidumbre de quedarse sin trabajo cuando empezó la pandemia. Con más tiempo para él, aprovechó para hacer deporte, aunque confiesa que no consiguió lidiar con el aislamiento social. Lo contrario le ocurrió a Álvaro (36 años), un enfermero que tuvo que dejar en segundo plano su pasión por la natación para seguir el ritmo que demandaba su profesión. Así, la pandemia le sorprendió con la inseguridad ante lo desconocido: reconoce haber aprendido a separar su vida personal de las duras experiencias que le han tocado vivir en las residencias.

Sin embargo, la realidad de las personas mayores no se queda ahí: ellos también sufrieron la pandemia desde casa. Victoria (81 años) tuvo que dejar de visitar a su hija o de abrazar a sus nietos por protección. Estar lejos de su familia, narra, fue lo que más tristeza le produjo. Por ello, pese a que los hogares hayan sido el refugio de muchos, para otros fueron un reto inesperado. Este fue el caso Daniel (39 años), un padre de familia que se vio obligado a convertir su casa en su nuevo lugar de trabajo. Compaginar su vida personal y profesional en el mismo espacio, junto a la inestabilidad del momento, le ha hecho sentirse al límite.

Además, el cansancio y la desmotivación de un final que no llega tampoco ayudan: Alicia (19 años) empezó la universidad en septiembre de 2020 y, entre otras cosas, se reconoce “agobiada” ante el desconocimiento que le produce, a su vez, una sensación de estar perdiendo el tiempo. Mientras, se sigue preguntando si llegará el momento en el que podrá vivir con normalidad la experiencia universitaria.

Con todo, la situación provocada por la COVID-19 fue, y sigue siendo, un reto para millones y millones. Si bien cada persona posee una experiencia individual de la pandemia, todo es común: desde el cansancio, la incertidumbre y el desengaño hasta las preocupaciones… El camino hacia la “nueva normalidad” ha situado la salud mental en el trayecto, tanto que ha llegado hasta la política.

Así, porque la salud nunca es solo física, la población debe reconocer la importancia, y necesidad, de cuidarse psicológicamente. Sin embargo, el paso final para acudir a un especialista sigue costando demasiado. ¿Podrá la pandemia y sus efectos convencer a aquellos que, sin saberlo, necesitan ayuda?

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