La cultura es la vacuna que nos falta

Madrid, 28 jun – Hay dos temas principales que han marcado presencia en los medios de comunicación este año: el Coronavirus y el racismo.

Ni elpaciente cero en China que ha comido un murciélago crudo, ni el agente estadunidense que terminó con la vida de un hombre negro imaginaban iban a generar los titulares más polémicos de 2020.  Y solo estamos a mitad de año!

El 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud definió el estado de alarma global como pandemia por el descontrolado aumento de casos de personas infectadas por el nuevo coronavirus Sars-Cov-2.

“Hemos llevado a cabo una evaluación permanente de este brote.  Estamos profundamente preocupados tanto por los alarmantes niveles de propagación y gravedad, como por los alarmantes niveles de inacción. Hemos llegado a la conclusión de que la COVID-19 puede considerarse una pandemia”. Declaraba el director general de la OMS Tedros Adhanom Ghebreyesus

El aviso llegaba tarde. El virus ya estaba presente en los cinco continentes y su ritmo de diseminación sigue creciendo en muchos países. El culpable, o la culpable, no tiene nombre o apellido. Ni se sabe al cierto cómo, o cuándo se originó el problema, lo poco que se sabe es “el dónde”.

Ilustración del coronavirus con una mujer usando mascarilla.
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

 

El primer brote se originó en China, una potencia emergente y rival cada vez más conflictivo de Estados Unidos. Pero en medio de la crisis, el país norteamericano gestó su propia crisis social interna por la muerte cruel de un ciudadano negro por el abuso de poder de un policía.

 

La diferencia del virus y del racismo, es que para el virus puede haber vacuna, mientras el racismo seguirá siendo una enfermedad social, sin solución en todos los continentes. Ahí las protestas son contagiosas por el sentimiento de sometimiento desde el comienzo de esa nación que han sufrido diferentes etnias.

 

El día 25 de mayo, George Floyd pasó a convertirse en la nueva imagen de reivindicación proyectada en medios y redes. Hasta el presidente Donald Trump, conocido por sus comentarios racistas, tuvo que manifestar disculpas. Más tarde volvió a la carga con sus mensajes de odio hacia las protestas, alentando nuevamente la violencia.

Negros, asiáticos, suramericanos, y un ETCÉTERA (sí, en mayúscula), han estado luchando contra esta enfermedad que parece no tener solución. La educación y la cultura que buscan acabar con la ignorancia que ciega la humanidad, sigue siendo recogida por algunos políticos. El día 1 de junio, el ex mandatario estadunidense Barack Obama, que siempre ha hablado del problema del racismo, publicó un ensayo en el blog Medium insistiendo en la importancia de “aumentar la conciencia pública, poner de relieve las injusticias y hacer que los poderes sean incómodos”.

 

Diversas personas reunidas en una manifestación contra el racismo.
Imagen de Patrick Behn en Pixabay

 

Mientras no haya vacuna para un problema que mata, hiere, y condiciona diariamente la vida de inúmeros seres humanos, la única solución menos drástica es incentivar la educación y el arte como forma de concienciar las mentes cuadradas y limitadas de “algunos muchos” que viven cerrados para las diferencias.

En estos días de quedarse en casa, recomendamos películas como Invictus, Adiós Bafana, Matar un Ruiseñor, La bahía del Odio, La Ola. Clásicos que no son vacunas, pero pueden ayudar a curarnos del prejuicio al extraño.

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