La ingeniera aeronáutica Eylo González Merino, actual jefa del taller de motores de Iberia, ha compartido su experiencia profesional en un sector históricamente masculinizado, destacando la importancia de mantenerse firme, la confianza en una misma y la necesidad de seguir impulsando la presencia femenina en las ingenierías.
Desde pequeña, Eylo tuvo claro cuál era su vocación. Su curiosidad por entender el funcionamiento de los aviones fue el motor que la llevó a estudiar ingeniería aeronáutica. “Siempre me ha llamado mucho la atención entender cómo algo tan grande podía volar”, explica, recordando que esa fascinación desde pequeña sería el detonante que decidiría su futuro profesional.
Uno de los pilares fundamentales en su carrera ha sido su padre, también ingeniero, a quien considera su gran referente. “Me enseñó que con esfuerzo y constancia podía conseguir todo lo que me propusiera”, afirma González Merino, subrayando el apoyo familiar como clave para alcanzar su actual posición de responsabilidad.
Actualmente al frente del taller de motores de Iberia, la ingeniera reconoce que trabajar en equipos formados mayoritariamente por hombres le ha supuesto retos, aunque asegura haberse integrado con naturalidad. “He conseguido integrarme bien y trabajar sin problema con ellos”, señala. Incluso describe su papel dentro del grupo con cercanía, asegurando que a veces se siente “como la madre de todos ellos”.
A pesar de los avances en la igualdad, Eylo admite que en algunas ocasiones ha sentido la necesidad de demostrar más que sus compañeros por el hecho de ser mujer. “A veces siento que tengo que demostrar un poco más para que se valore mi trabajo”, declara. Según explica, todavía existen ciertos prejuicios que asocian determinados puestos de visibilidad o liderazgo con perfiles masculinos.
Sobre los estereotipos de género, la jefa del taller de motores asegura que ha aprendido a gestionarlos desde la seguridad personal y profesional. “Muchas veces la gente te juzga simplemente porque eres una mujer”, lamenta. Sin embargo, afronta estas situaciones con firmeza: “Tengo muy claro quién soy y que hemos estudiado lo mismo”.
Su experiencia en este entorno le ha permitido fortalecer habilidades personales que hoy considera esenciales en su liderazgo. “He aprendido a confiar en mí misma, a desarrollar paciencia y, sobre todo, seguridad a la hora de expresar mis ideas y defender mi trabajo”, destaca.
Eylo se muestra optimista respecto al futuro de las mujeres en la ingeniería. Considera que la situación está cambiando progresivamente y que cada vez son más las jóvenes que se animan a estudiar carreras de ingeniería. “Por suerte, esto está empezando a equilibrarse”, afirma, recordando que durante su etapa universitaria la presencia femenina era todavía muy reducida.
Precisamente por ello, anima a las nuevas generaciones a no dejarse frenar por el miedo o los prejuicios. Su mensaje para las chicas jóvenes es claro: “Que no se dejen influir por estereotipos ni por miedo; con esfuerzo y ganas todo se consigue”.
Más allá de su carrera profesional, Eylo encuentra una motivación diaria muy especial en sus dos hijas, a quienes quiere transmitir estos mensajes de igualdad. “Quiero que crezcan sabiendo que si algo les gusta, luchen por ello sin importar lo que digan los demás”, asegura.
Finalmente, la ingeniera reconoce que lo que más orgullo le produce es haber construido su propio camino en un sector tan exigente. “Sacar adelante una carrera tan complicada y llegar a donde he llegado es algo que me hace sentir bastante orgullosa”, concluye.

