La ciudad que expulsa a sus vecinos: el turismo masivo vacia de vida los barrios de Madrid

Malasaña,Lavapies, La Latina, Chueca y Salamanca pierden vecinos mientras los pisos turísticos se multiplican y el alquiler alcanza máximos históricos en 2026.

Maribel Pizarroso lleva toda la vida en Malasaña. Conoce cada adoquin de la calle Fuencarral, recuerda la fruteria donde su madre compraba los domingos y el bar donde un cafe costaba un euro veinte. Hoy, cuando sale a la compra, cruza escaparates de boutiques de diseño, cafeterias donde el cappuccino cuesta cinco euros y el local donde desde 2010 estuvo la libreria Tipos Infames, este cerró en febrero de 2026 tras quince años abierta. En su comunicado de despedida, los propietarios fueron directos: «lamentablemente la gentrificacion, como a tantos comercios de proximidad, nos ha podido y tenemos que cerrar».

«Llevamos años viendo como el barrio se transforma, pero en los ultimos meses ya no reconozco ni las tiendas ni a los vecinos», cuenta Pizarroso, presidenta de la asociacion vecinal Maravillas en Malasaña. Lo que ella describe tiene nombre: turistificación, el proceso por el que la presión turística y la especulación inmobiliaria transforman barrios habitados en destinos de consumo, expulsando a sus residentes históricos.

Lo que ocurre en Malasaña no es un fenómeno aislado. Chueca, La Latina, Lavapiés y, en el otro extremo del espectro social, el propio Salamanca: toda la almendra central de Madrid está sometida a la misma presión. Los datos del mercado inmobiliario madrileño en 2026 confirman lo que los vecinos llevan años denunciando: los precios del alquiler no dejan de subir, los apartamentos turísticos se multiplican y la población que ha vivido toda su vida en estos barrios se ve obligada a marcharse.

Un barrio que ya no reconocen sus vecinos

El cierre de Tipos Infames no es una anécdota. Es el síntoma visible de un proceso que lleva años reconfigurando el mapa social de Madrid. En Malasaña, los comercios de proximidad —fruterías, herbolarios, ferreterías, papelerías— van desapareciendo progresivamente, sustituidos por restaurantes de fusión, apartamentos turísticos y franquicias internacionales.

Saturnino Vera, de la Asociación de Vecinos Cavas Costanillas en La Latina, describe la misma dinámica: «Los alquileres han subido de tal manera que han ido expulsando a los negocios de hostelería locales y atrayendo a franquicias, que son las que pueden permitirse esos precios». En su barrio, muchos residentes han optado por marcharse, y los que se quedan alquilan sus pisos a turistas: «Los fines de semana se llenan de grupos de entre ocho y diez personas que vienen a Madrid a pasar tres días de fiesta».

La presidenta de Maravillas añade que la subida de precios en productos y servicios golpea especialmente a la población obrera y hace cada vez más difícil la vida cotidiana en el barrio. La activista también advierte de que la gentrificación y el turismo masivo no solo provocan la expulsión de los vecinos, sino que agravan los problemas de convivencia entre residentes y visitantes.

Los números de la turistificación

Los datos respaldan los testimonios. Madrid es la ciudad de España que más turismo recibe, tanto nacional como extranjero. El número de apartamentos turísticos registrados en la capital ha crecido de forma sostenida en los últimos años, mientras que el precio medio del alquiler en los distritos del centro ha alcanzado cifras récord en 2026.

Plataformas como Airbnb han acelerado de manera significativa la transformación del parque residencial: viviendas que antes se alquilaban a familias ahora se destinan a estancias de pocos días con una rentabilidad muy superior. El resultado es que la oferta de alquiler residencial se reduce y los precios suben para quienes necesitan un hogar permanente. Según datos del Portal de Datos Abiertos del Ayuntamiento de Madrid, la concentración de viviendas de uso turístico (VUT) es especialmente intensa en los barrios de Universidad, Justicia, Palacio y La Latina.

Lo que hace treinta años era un alquiler de cuarenta metros por seiscientos euros en los barrios céntricos es hoy, en pisos similares, un contrato de más de mil euros mensuales. Para una persona joven con un salario medio madrileño, alquilar en el centro se ha convertido en una misión imposible. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE), las viviendas en régimen de alquiler de mercado en la Comunidad de Madrid pasaron del 12,9% al 21,0% entre 2004 y 2017, una tendencia que no ha hecho sino acelerarse en los años siguientes.

Salamanca: el extremo del mercado

Mientras los barrios populares del centro sufren la turistificación desde hace décadas, el barrio de Salamanca representa el extremo superior de este mismo proceso. En 2026, el precio de venta en Salamanca ha superado por primera vez los 10.000 euros por metro cuadrado —exactamente 10.001 EUR/m² según el índice de precios de Idealista—, consolidándose como el distrito residencial más caro de toda España.

El mercado del alquiler no va a la zaga: el precio medio en Salamanca ha alcanzado los 28,3 EUR/m² en 2026, lo que significa que un piso de 70 metros cuadrados en este barrio cuesta entre 1.600 y 2.200 euros mensuales. Las fotografías de los edificios que acompañan este reportaje muestran esa arquitectura burguesa de finales del siglo XIX y principios del XX: fachadas monumentales, portales de mármol, balcones de hierro forjado. Son los mismos edificios que hoy se convierten en destino de capital internacional, desplazando a los residentes históricos.

El proceso en Salamanca es diferente al de Malasaña o Lavapiés, pero forma parte de la misma lógica: la vivienda como activo financiero, no como derecho. Los fondos de inversión compran edificios enteros en estos distritos y los reconvierten en residencias de lujo o en apartamentos turísticos premium, eliminando de raíz cualquier posibilidad de acceso para quienes no pertenecen a la clase más adinerada.

La ley que llega tarde

Esta semana, el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado la nueva Ley de Medidas Urgentes para Vivienda Protegida, una normativa que busca impulsar la creación de más de 18.000 nuevos hogares en los próximos cuatro años. La medida incluye incentivos urbanísticos y contempla una inversión pública en vivienda social que subirá un 24% en 2026.

Sin embargo, los expertos en urbanismo son cautelosos. Álvaro Ardura, arquitecto y profesor del Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM-UPM), advierte de que las administraciones madrileñas no han desarrollado políticas de vivienda que protejan a los residentes ni han impuesto límites estrictos a las viviendas turísticas. La Comunidad de Madrid ha rechazado además aplicar la declaración de zonas tensionadas de la Ley de Vivienda estatal (2023), herramienta que otras comunidades sí han activado.

El nuevo marco normativo también genera dudas: la estrategia de «crecimiento hacia arriba» —aumentar densidad sin consumir nuevo suelo— podría derivar en una pérdida de calidad de vida para los residentes si no viene acompañada de una inversión proporcional en infraestructuras. Algunos expertos advierten que la conversión de oficinas en viviendas asequibles puede ser un parche que no soluciona el problema de fondo.

Lavapiés: el próximo frente

Mientras Malasaña y Chueca ya llevan años viviendo la turistificación en su forma más intensa, Lavapiés está empezando a recorrer ese mismo camino. Javier Ruiz, presidente de la Asociación de Vecinos La Corrala, explica que «estamos empezando a ver cómo se invierte en comprar casas para uso turístico».

El síntoma más claro es la movilidad forzada de las generaciones más jóvenes. «Mi hija se ha ido a vivir a la periferia porque no podía pagarse un alquiler aquí», cuenta Ruiz. El barrio empieza a ser inaccesible para la clase media, no solo para los grupos con rentas más bajas. La gentrificación, como señalan Ardura y Sorando en First We Take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades (Los Libros de la Catarata, 2016), es un proceso cuya consecuencia inevitable es el desplazamiento de la población autóctona.

Qué dicen los expertos

El trabajo de Adrián Hernández Cordero en Gentrificación y turistificación: origen común, efectos diferentes (2021) muestra cómo la entrada de inversores y la financiarización del mercado de alquiler actúan como motores de la turistificación en las grandes ciudades, generando desplazamiento de residentes y presión sobre los precios. Madrid no es una excepción: es parte de una tendencia urbana global.

El trabajo de Sorando y Ardura, recogido también en el análisis publicado por la Revista de Documentación Social, establece tres tipos de desplazamiento: el directo, el excluyente y la presión del desplazamiento. Las personas más afectadas son sistemáticamente las mismas: hogares envejecidos unipersonales, familias monoparentales e inmigrantes extranjeros en situación de precariedad.

Un futuro sin vecinos de siempre

El diagnóstico es compartido por activistas, académicos y muchos de los propios afectados: si no se toman medidas estructurales —límites reales a los pisos turísticos, declaración de zonas tensionadas, construcción de vivienda pública en el centro— Madrid corre el riesgo de convertir su almendra central en un parque temático para turistas, un espacio sin vida de barrio, sin comunidad, sin la textura social que lo hace único.

Maribel Pizarroso lo resume con la precisión de quien ha visto el proceso desde dentro: «No estamos en contra del turismo. Estamos en contra de que el turismo nos robe el barrio». La librería Tipos Infames cerró en febrero de 2026. El bar de siempre subió los precios. Las fachadas monumentales de Salamanca ya cotizan a diez mil euros el metro cuadrado. Pero los vecinos siguen ahí, resistiendo. Y documentando.

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