La exposición de pintura religiosa llamada “Colores de la Luz – Dayenú” se presenta en el Centro Cultural de Brunete
El pasado 13 de marzo, el Centro Cultural de Brunete abrió sus puertas a una exposición que no busca únicamente ser vista, sino sentida. Bajo el título “Colores de la Luz – Dayenú”, la pintora y profesora de pintura Mónica Huerta Domínguez presenta cerca de veinte obras entre dibujos y pinturas en las que la luz y el color tienen el protagonismo.
Exponer en este centro supone un regreso especial para la artista. Estuvo 17 años trabajando en este mismo lugar, lo que convierte la exposición en una experiencia profundamente personal.

El recorrido de la exposición comienza con una primera parte dominada por dibujos de caminos. Estos caminos sugieren trayectos y búsquedas de Dios, que invitan al visitante a entender el propósito de la exposición, buscar y contemplar. Esta entrada funciona como un umbral, un inicio que prepara la mirada.
A continuación, el itinerario conduce hacia un espacio marcado por la presencia de un desierto, donde aparecen San José, la Virgen y Jesús huyendo a Egipto. Esta segunda parte actúa como transición tanto visual como simbólica, conecta los primeros dibujos con el núcleo central de la muestra.
La exposición se abre a sus obras en gran formato. Aparecen la Cruz y la figura de Jesús como pastor. La exposición tiene la figura de la Virgen María como centro, y en esta parte de la muestra aparecen además cuadros de María Magdalena, Santa Marta o San José.
Las dos piezas centrales tienen un significado especial dentro del conjunto. Una de ellas es un dibujo del Cristo del Pardo , inspirado en la escultura de Gregorio Fernández del siglo XVII, que impactó profundamente a la artista tras contemplarla. La otra es un cuadro original de la Anunciación, portada de esta muestra, y que tiene un valor especial para la artista precisamente por ser parte de una importante transición; lo empezó en una buhardilla y lo terminó en su actual estudio de pintura.
Las dos piezas centrales tienen un significado especial dentro del conjunto. Una de ellas es un dibujo del Cristo del Pardo , inspirado en la escultura de Gregorio Fernández del siglo XVII, que impactó profundamente a la artista tras contemplarla. La otra es un cuadro original de la Anunciación, portada de esta muestra, y que tiene un valor especial para la artista precisamente por ser parte de una importante transición; lo empezó en una buhardilla y lo terminó en su actual estudio de pintura.
El recorrido concluye con una última sección de dibujos a lápiz, donde la sencillez del trazo devuelve al visitante a una mirada más íntima. Después de la intensidad del gran formato, estas obras finales funcionan como cierre sereno, casi silencioso.
Mónica estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, dónde desarrolló sus dotes como pintora. Su primera pintura religiosa la realizó hace ocho años, cuando recibió el encargo de pintar a unos sacerdotes mártires para una Iglesia de Boadilla del Monte. Aquella experiencia marcó un punto de inflexión. Desde entonces, su producción ha ido creciendo gracias a encargos y propuestas, no sigue una pauta ordenada ni cierra las ideas a un contexto.
Además de la importancia del contenido temático, Mónica pone especial énfasis en la experiencia del espectador al recorrer la exposición. Los cuadros son de gran formato, algunos miden más de metro y medio y están pensados para tener impacto. La artista hacía referencia a la importancia de parar y contemplar en un contexto dominado por la inmediatez

de las pantallas.
El nombre de la exposición, “Colores de la Luz – Dayenú”, se debe a un paralelismo entre la luz del sol que se proyecta a través del agua en el arcoiris, y la figura de Jesucristo como luz del mundo que se divide en cada obra, dónde predomina un color.
Durante su proceso creativo la artista confesó que se encomienda a San Lucas, el beato Fray Angélico y San Lázaro el iconógrafo, patronos de los artistas. Este gesto afirmaba que es una ayuda y parte del sentido de su trabajo.




