La danza del futuro: el futuro ya está aquí

La danza del futuro: el futuro ya está aquí

Para La danza del futuro las convenciones escénicas y sociales son un límite con el que romper,  una grieta desde la que pronunciarse y un melón por abrir

Un altar iluminado con velas. Manzanas, películas antiguas, copas, medias color fucsia, nombres escritos a mano, claveles. Una interrogación, jarrones con agua pero sin flores, un costurero, una alfombra, espejos y un melón. Vidrieras. Un horno. Una pila con agua y una cabina de luces vacía. Suena un martinete. La danza del futuro proyectado en un marco dorado sobre la pared negra. Esto es lo que verá nada más entrar en la sala todo aquel que se aventure a acudir a La danza del futuro.

 “Te invitamos a ocupar, observar y habitar el espacio. Una vez que accedas a la sala, el espacio será tuyo también”. Así, antes de empezar la función, el equipo de La danza del futuro invita a los espectadores a no sentarse directamente en sus asientos, sino a que se paseen por la escena antes de que los actores y las actrices la ocupen. Público, equipo técnico, intérpretes… poco a poco, este espacio que parece ser algo entre una iglesia, una casa de pueblo y un museo costumbrista, va cobrando vida y llenándose de cuerpos.

La danza del futuro es la última función de Ana Cavilla –la directora de Perros en danza (2017-2018), Bestia de estilo (2018) o Íntima Atlántida (2022). “La danza del futuro, tal y como la podéis ver a día de hoy, es el resultado de un proceso de investigación que hemos realizado desde el mes de octubre del año pasado”. Según Cavilla, aunque este proceso ya ha dado sus frutos en forma de una pieza escénica, “La danza del futuro está en constante cambio, no podemos prometer que dentro de un año la función siga siendo la misma, de hecho, esperamos que no lo sea”.

Infografía sobre la danza del futuro y sus creadores y participantes.

¿PERO DE QUÉ VA, TÍA?

La danza del futuro es una perversión escénica a partir del manifiesto del mismo título escrito por Jaime Conde-Salazar. -¿Pero de qué va, tía? La danza del futuro va de cuerpos y acción directa. De pasado, presente y futuro. De abrir melones y salir de romería. Más que ninguna otra cosa, la danza del futuro es un acto de amor. Así se lo cuenta La Mari, una de las actrices de La danza del futuro, a sus amigas y a cualquiera que le pregunte.

Objetos juntos de diversos colores y formas como copas, libros, frutas, máscaras o bandejas utilizados para las representaciones teatrales.
Altar de "La danza del futuro". Precursoras, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

PERVERSIÓN COMO PUNTO DE PARTIDA

En octubre de 2021, todo el equipo aprendió una palabra nueva: perversión. Pero perversión no entendida como “acción y efecto de pervertir”, sino de per-versionar, es decir, de generar una nueva versión de algo, en palabras de Ana Cavilla: “la perversión es la herramienta que hemos empleado para convertir un manifiesto filosófico en una pieza teatral, es lo que nos ha permitido cambiar de un código a otro, pero mantener la esencia del texto original”. Lucía González y Alegría Rodríguez son las ayudantes de dirección de este proyecto, para ambas, el proceso ha sido todo un aprendizaje: “hicimos un taller de perversión, nosotras también perversionamos algunos de los capítulos de La danza del futuro”.

La perversión puede aplicarse en cualquier disciplina artística, el poeta Leopoldo María Panero fue de los primeros en emplearla. Sus traducciones de poemas no se reducían a trasladar palabras de un idioma a otro, sino que buscaba radicalizar el acto de transformación que subyace en toda traducción. La danza del futuro es toda ella una perversión: “Cada semana per-versionábamos dos o tres capítulos. Cada una de nosotras traía una propuesta diferente que nacía de su visión del texto que, por supuesto, estaba totalmente marcada por su forma de entender el mundo” recuerda Nacho Vegas, uno de los actores del elenco.

Actores encima del escenario representando una escena con máscaras, en color.
Actores representando "La danza del futuro". Precursoras, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

GORPUTZAREN EREMUA

Gorputza es cuerpo en euskera, y gorputzaren eremua las dos palabras que presiden la entrada del ‘área de cuerpo’ de Dinamoa, un espacio dedicado a la creación e investigación cultural situado en Azpeitia, Guipúzcoa, País Vasco. La danza del futuro se trasladó a la gorputzaren eremua de Dinamoa durante una semana en diciembre de 2021 para realizar una residencia artística en la que  la  investigación dejó pasó al montaje.

Gorputza o cuerpo es una de las palabras más importantes para La danza del futuro, que se nutre de cuerpos y de lo que estos hacen y demuestran en escena. Ana Cavilla lo cuenta así: “muchas de las escenas que podéis ver en La danza del futuro tomaron forma en Dinamoa a partir de las semillas que habíamos sembrado en Madrid. Ahora Azpeitia es parte de La danza del futuro, como también lo son los territorios de cada una de las integrantes de la danza”.

SÁBADOS Y DOMINGOS, MISA DE OCHO

La danza del futuro se ha estrenado en el mes de febrero en Madrid, en la sala Arte 4, después de un pequeño adelanto a finales de diciembre en el Centro Huarte en Navarra. Todos los sábados y domingos del mes de febrero, los vecinos más observadores de la zona de Ventas, habrán podido ver llegar una procesión de actores, actrices y técnicas cargada de peinetas, mantones, purpurina, manzanas, melones y anís. Laura Carbajal, actriz de La danza del futuro, recuerda los preparativos de cada función: “montar el altar, maquillarnos, vestirnos, calentar, saber si habíamos llenado esa tarde o no… y empezar con nuestra misa de ocho, que así es como hablamos muchas veces de la función”. Y llenaron, todas las funciones, o misas (porque La danza del futuro tiene su propia virgen, la del conocimiento).

Juego de luces sobre escenario, sombra de silueta virginal entre focos.
Juego de luces sobre escenario, sombra de silueta virginal entre focos. Precursoras, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

LA DANZA DEL FUTURO NO TIENE FRONTERAS

Cada capítulo de La danza del futuro propone una ruptura con las convenciones establecidas y plantea posibilidades alternativas. Por mencionar algunas sin destripar del todo la pieza, podemos decir que la danza del futuro no produce obras (¿entonces…?); que es marika (sí, con k) y que también está en pasado (aunque hable de futuro).

Además, parece que La danza del futuro no tiene fronteras, ya que ha viajado a finales de marzo a Covilhã, Portugal, donde ha recibido el Premio del Jurado al Mejor Espectáculo en el 26º Ciclo de Teatro Universitario da Beira Interior.

Lo que está claro es que La danza del futuro viene para abrir camino a nuevas formas escénicas, que pueden no ser del gusto de todos, pero que provocan de todo menos indiferencia. “La danza del futuro es una invitación, una apelación a la colaboración con otros cuerpos”, está en manos de cada uno aceptarla o no.

Noticias relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *